Mi nombre es Hugo Armando Ávila Cruz, estudie la licenciatura en Geografía, en la U.N.A.M dentro de la facultad de Filosofía y Letras, formando parte de la generación que inicio en el año 1999. En aquellos tiempos, el objetivo de estudiar la carrera, fue por el interés que me ejerció, saber sobre aspectos naturales que se llevan a cabo en la Tierra, así que estudiar la licenciatura en Geografía, fue lo ideal, dándome así la oportunidad de formarme como profesionista, para desempeñarme actualmente como docente.
Yo jamás me imagine terminar siendo maestro, mi ilusión fue dedicarme a la investigación y la manufactura cartográfica, pero desgraciadamente las oportunidades laborales de este país, con énfasis en mi carrera, son escasas, así que esas aspiraciones se me han retrasado por el momento, por tanto, vi que la puerta de la docencia estaba abierta, entonces aproveche esa abertura, para convertirme en profesor, primeramente en el Colegio de Bachilleres y posteriormente en la Universidad del Valle de México, dos de las instituciones que me han brindado hasta la fecha, cobijo en esto de la educación, permitiéndome aprender desde cero, como ser un docente, y apapachándome, para que me vaya desarrollándome aún más, como profesor y como profesionista.
Dentro de estos menesteres de ser profesor, te encuentras con una diversidad de emociones conjuntadas, ya que es un actividad totalmente de sociabilidad, donde el contacto con los alumnos, es imperante, no se puede soslayar, ser docente para mi es una experiencia muy gratificante, cuando logro encausar muchachos que no tienen en muchas ocasiones, una línea de porvenir, lograr eso, pienso que es transformar al mundo, aunque sea un poco, pues uno logra cortar esas cadenas de desahucio e incertidumbre, y en otras de maldad.
Las experiencias que he tenido siendo docente, han sido casi al cien por ciento dentro del nivel preparatoria o bachillerato, que en si es el nivel medio superior, una estratificación educativa muy peculiar, ya que es el momento donde los alumnos, están en plena adolescencia, y su forma de comportarse en bastante errática, por tanto lograr un equilibrio con ellos, implica en muchas ocasiones toda un odisea, pero aún así las vivencias con los muchachos lo llenan a uno de pluralismo, como secuencias de gozo y en otras de tristeza al ver que no pudo lograr mucho con ciertos alumnos, muy a pesar del esfuerzo encauzado, pero ya uno se va acostumbrando a esos vaivenes emocionales, y no por eso el desanimo llega al corazón, si no más bien da maduración para seguir luchando y mejorando, para generar buenos estudiantes y por ende mejores personas, que lograrán mejorar este México, que tanto necesita gente con valores, además de ímpetu, para sobresalir, y si yo como profesor logro despertar esas actitudes, me hace sentir que ser docente vale la pena.
Hola Hugo, comparto esos sentimientos que mencionas, el trabajo con adolescentes puede ser desgastante y en ocasiones frustante pero por otro lado, cuando uno logra impactar aunque sea a uno de ellos también llena de satisfacción. No cabe duda que la labor docente como bien lo describes puede ser toda una odisea, por lo que lo ideal será esforzarnos lo mejor posible y esperar el efecto de rebote en nuestros estudiantes...
ResponderEliminarSaludos Alejandra Assad